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Bienestar

Errores más comunes de las mamás primerizas

El primer error de una madre primeriza es soñar con una maternidad perfecta, y el segundo es no pedir ayuda cuando la necesita
El primer error de una madre primeriza es soñar con una maternidad perfecta, y el segundo es no pedir ayuda cuando la necesita.

Todo lo que es nuevo asusta. Y si se trata de la maternidad, aun más, pues de ti depende la vida de un ser indefenso: la persona que más amas en el mundo. Y es que los bebés no vienen con un manual de instrucciones; por eso, aunque hayas leído todo lo que cayó en tus manos sobre los cuidados del recién nacido, siempre cometerás algunas equivocaciones cuando te estrenes como mamá, y será tu primogénito quien pague esa novatada.

Por ello, te dejamos algunos de los errores más comunes para que no caigas en ellos. No obstante, recuerda que errar es de humanos y que como mujer estás capacitada para cuidar a tu bebé por naturaleza. Deja que tu intuición maternal aflore, que el sentido común te ayude a sobrevivir y disfrutar de la experiencia maravillosa de ser madre y ver crecer a tu bebé.

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Abrigarlo demasiado es un error común en las primerizas.

1.- Esterilizar todo durante el primer año

Una buena higiene en los bebés es fundamental, sobre todo durante las primeras semanas de vida, pero no hay que obsesionarse.

2.- Abrigarlo demasiado

No es bueno que el bebé tenga frío, pero tampoco que pase calor. El calor y la sudoración en el recién nacido están relacionados con la muerte súbita y con el riesgo de asfixia.

3.- Mantener la casa en silencio cuando duerme

Debes enseñarle desde el principio a dormir con el ruido del televisor, la lavadora, música de fondo e incluso la conversación de los adultos, ya que habituarse a dormir con los sonidos cotidianos de una casa le ayudará a diferenciar el día de la noche.

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No debes obsesionarte con la higiene personal de tu bebé.

4.- Bañarlo todos los días

Respecto a su higiene personal, no es necesario bañarlo todos los días porque el manto graso de la piel se altera con el baño. Los pediatras aseguran que con bañar a los bebés dos o tres veces a la semana es suficiente.

5.- Dejarlo llorar

La teoría de que hay que dejar llorar a los niños porque si no se mal acostumbran no tiene ningún fundamento. Cuando un recién nacido llora debemos agarrarlo en brazos en seguida, consolarlo e intentar averiguar qué necesita (mamar, que le cambien el pañal, arroparlo, tiene sueño, etc.).

6.- No dejar que nadie lo toque

El recelo a que besen o tomen en brazos al bebé es muy común en todas las madres, sean primerizas o no, principalmente porque temen algún contagio. Sin embargo, con no tener al bebé cerca de una persona enferma es suficiente. También es normal que no queramos que lo agarren desconocidos y las personas no tienen por qué ofenderse.

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Cuando una mujer se convierte en madre, sus sentidos se agudizan y su cuerpo es más resistente a la fatiga y al dolor.

7.- Cambiarlo de pecho antes que termine

La leche del final es la que más alimenta y sacia porque tiene más grasa que la del principio. Una vez que el bebé ha terminado (se sabe porque el pecho que acaba de soltar está completamente blando) se pasa al otro.

8.- Raparle el pelo para que le crezca más fuerte

Las características del pelo del bebé no serán definitivas hasta pasado su primer cumpleaños. Por ello, se recomienda no hacerlo. Primero, porque no es cierto que el pelo crezca más fuerte; y en segundo lugar, porque si el bebé es muy pequeño es posible que, al desaparecer el pelo, pierda el calor corporal por la cabecita.

9.- No dormir la siesta

No aprovechar las horas de sueño del bebé para dormir una pequeña siesta es un error muy común en las madres primerizas. Estas prefieren adelantar tareas del hogar o trabajos pendientes. Se estima que las madres primerizas pierden entre 400 y 750 horas de sueño durante el primer año de vida del bebé.

10.- Hacerse la fuerte

Afrontar un parto e inmediatamente después el cuidado de nuestro hijo requiere un enorme esfuerzo físico, mental y emocional. No temas admitir tus limitaciones, reconocer que estás cansada y, sobre todo, pedir ayuda cuando una situación te desborda. Eso no te hace más débil: al contrario, demuestra que eres humana y en especial sensata.